viernes, octubre 26, 2018

El futuro del que no podre ser testigo.

La vida tiene muchas vueltas.
Subidas y bajadas.
Y llegas a tu fin.

Hace algunos días, por esas vueltas de la vida, me enfrente a recuerdos del pasado y una nueva revelación. Caminaba por los pasillos de un supermercado y me encuentro de sorpresa con un antiguo compañero de curso. De hace muchos, casi incontables años atrás.

Un antiguo compañero nuestro, Juan, murió hace ya más de diez años -a nuestros treinta- debido a un repentino ataque cardiaco.
Así, sin más.
Se fue.
Y esa revelacion nuevamente me puso en evidencia de lo que se nos viene.
A todos.

"Todo hombre tiene su tiempo, todo hombre, no hay excepción", decía el inefable capitán Jean Luc Picard en La Nueva Generación.
Y así, desde mis años de niñez, lo comprendí: todos tenemos nuestro tiempo.

Pero no le temo a la muerte, creo en ella como cuando te duermes por la noche, y nada importa, hasta que te despiertas por algún sismo ó las ganas de ir al baño.
Excepto que ya no despiertas más.
Lo que de verdad me aterra es otra cosa: no estar aquí para ser testigo de los años por venir. No estar presente para la primera mision fuera del sistema Solar.
El primer contacto con vida extraterrestre.
Y un largo etcétera, etcétera, etcétera.

La muerte es dura para las personas, pero aun lo es más para alguien con los ojos puestos en el futuro.

Tema para hoy: Thunderclouds, LSD.
You're sayin' those words like you hate me now
But don't be afraid of these thunderclouds...